Si tú no comprarías lo que vendes, el cliente lo va a notar enseguida. La confianza empieza en uno mismo.
Vender no es hablar mucho, es escuchar mejor. Usa palabras que sumen y no que resten en la mente del comprador.
el vendedor debe enfocarse en resolver problemas y aportar valor al cliente, en lugar de pensar únicamente en cerrar la transacción. Cuando tu actitud es la de un asesor que ayuda, generas confianza, credibilidad y relaciones duraderas. El cliente percibe que lo entiendes y lo apoyas, lo que aumenta las posibilidades de que compre y vuelva a hacerlo en el futuro.
En pocas palabras: vende ayudando, no presionando. La venta se convierte en una consecuencia natural de haber aportado soluciones reales.